26.7.10

¡Gracias!

Estaba escribiendo un comentario, pero visto que me estaba saliendo bastante más largo de lo debido creo que es mejor hacerlo entrada en el blog...

¡Virgensantadelamorhermoso! ¡31 comentarios!¡Casi 5000 visitas en el fin de semana, cuando lo normal son unas 400 diarias, como mucho!
Muchisimas gracias a todos por los comentarios.

Para los que os gustaría meteros en estos sitios, que en los comentarios sois unos cuantos, os recomendaría que os apuntarais a www.clubcela.com y buscarais a gente de vuestra zona. Los que nos gustan estos sitios somos gente rara, pero resulta que al final, lo normal es ser raro, así que no os extrañe encontrar a bastante gente por allí.
De todos modos no penséis que va a ser apuntaros y que os organicen un tour turístico por los abandonos de vuestra ciudad. Hay "quedadas" de vez en cuando, sí, pero en según que zonas son más habituales y en otras menos, o simplemente no hay. Ya dependerá de la suerte y de vuestra capacidad para desplazaros.
Tampoco esperéis encontrar un catálogo de sitios para ir. En el reportaje ya lo oisteis (si alguien me entendió, que hablo fatal), procuramos ser discretos porque de 100 que están interesados genuinamente en estos sitios, 2 simplemente quieren ir a tirar paredes, pintar con spray o montar una rave. Está claro que los lugares no son nuestros, y a mi ni se me pasaría por la cabeza recriminar a nadie por estar pintando o jugando al paintball en un sitio abandonado. Pero de ahí a andar comentando sitios "virgenes" con cualquiera va un trecho. Espero que lo entendáis.



Y ahora a contestar algún comentario:

Nacho Sibón: Gracias por el soplo... La de sitios que hemos encontrado por gente que conoce un sitio y nos lo cuenta. Pero este, en concreto, diría que lo hemos visitado ya, si es que te refieres a la colonia General Varela . Y sí que es cierto que el lugar impresionaba.

compnoprofit: Preguntale a tu amigo el ingeniero si acepta documentalistas para acompañarle... :) ¡Lo hacemos gratis!

SABINA: Pues habría que acercarse a echar un ojo... A ver si tengo tiempo y los vemos.

apa: Pues me da que tu zona me pilla un poco lejos. Últimamente, por temas personales, apenas puedo desplazarme más de 150km de Madrid. De todas maneras me quedo con tu email por si tengo tiempo en el futuro, que esa zona no la conozco.

Catarina: Seguro que por el Cela encuentras a alguien que te acompañe. Siempre es mejor ir con alguien a estos sitios, es más seguro y bastante más tranquilizador andar en compañía... :)

Anónimo: Stewie y Pepita andan de vacaciones. Si hubieran estado por aqui habrían estado al pie del cañón, como siempre. :)

Al resto... Pues muchas gracias. La verdad es que tanto halago no se merece. Uno empieza haciendo esto por diversión y para uno mismo, pero cuando vas viendo que la gente comenta y te echa una mano resulta muy alentador.

En serio, muchas gracias a todos.

Por cierto, que los reportajes del mediodía y de la tarde no son idénticos. Pensaba que iba a ser el mismo las dos veces, pero parece que no.

Os dejo un par de enlaces a los reportajes, para que no tengáis que andar buscando "el cacho".

- El de mediodía.

- El de la noche.

Salu2!

P.D. La foto no tiene nada que ver... Pero es que el post quedaba demasiado "negro" sin ninguna imagen... :)

23.7.10

Salimos en la TV

ACTUALIZACION

Si os lo habéis perdido, en este enlace podéis ver el video online. El minireportaje comienza a los 40 minutos 9 segundos.

Y no en cualquier programa de noticias, no... Salimos en el Telediario de TVE, nada menos. :)
Concretamente en el de hoy (23/07/2010), tanto en la edición del mediodía como por la noche.

Aparte de un servidor, aparecerán en antena fijo el Sr. Dani "Umpi", de Última Visita, con el que más de una vez he compartido correrías, fotos y suciedades variadas. Probablemente aparezca también algún que otro explorador de la zona de Barcelona, a los que aún no he tenido el gusto de conocer en persona.

Lo más triste es que, probablemente, el que no pueda verlo seré yo... A no ser que lo pongan pronto lo más probable es que me pille en el metro camino de la estación a la hora de la sobremesa, o de viaje en bus por la noche.

Por suerte en la web de TVE publican los noticiarios para verlos online, así que a las malas podré verlo "en diferido". A ver que tal salió la cosa.

Para los que quieran saber donde rodamos, nos fuimos a esta estación.

Y estas son las fotos que hice mientras rodábamos algunas, y mientras el cámara se dedicaba a rodar "recursos". No hice muchas más, pero la verdad es que no han salido muy mal, dadas las circunstancias.

Este es el cuartito trasero de la estación, donde se cambiaban y aseaban los empleados.


La cocina, en el piso de arriba. La hora, a final de la tarde y con el sol bajo ayudó bastante a la toma, que salió bastante mejor que en la primera visita.


Y el cambio de agujas. Todo un clásico que uno no se cansa de fotografiar.

º

No os metáis mucho conmigo en los comentarios, que un servidor no es Belén Esteban y le ponen nervioso las cámara... :)

Salu2!

21.6.10

Almazara abandonada en Granada

Más de una vez me han preguntado que de donde viene esta afición a visitar sitios abandonados. Siempre digo que ya desde pequeño me gustaba salir a “explorar”, y a bote pronto me vienen a la memoria viejas trincheras de la guerra civil o los restos ruinosos de un colegio. Cosas de niños.

Sin embargo, durante muchos años el tema no me interesó lo más mínimo hasta que empecé a ver que a la gente le gustaba el tema y las historias a su alrededor, lo que hizo que el gusanillo volviera a dar señales de vida y el resultado lo tenéis delante.

Esta vieja almazara (o molino de aceite) llama la atención desde lejos. Sus tres plantas de altura, respecto a unas pocas casas bajas, y sus cristales rotos encienden la alarma de “abandono localizado” en la cabeza de cualquier aficionado al instante.
Lo gracioso era pensar al verla: “¿Pero esa no es la finca de Pedro?”.
Y lo es. Y la de veces que había ido por allí a disfrutar del salmorejo que preparaba Ana, la mujer de Pedro, no fueron pocas precisamente. Y sin embargo aquella mole no me llamó la atención nunca. Resulta curioso pensarlo ahora.

Como cuando bajo al sur para casa apenas tengo tiempo de hacer nada más que ver a la familia y sabiendo que el sitio estaba cerrado no había encontrado el momento para echarle un ojo. Aprovechando unas cortas vacaciones en casa aproveché una mañana libre para ir a echarle un ojo y unas cuantas fotos.

El edificio mayor resultó ser el molino, propiamente dicho. Los otros edificios formaban parte de una “extractora”, que según las explicaciones de Antonio (creo que se llamaba así) que trabajó allí durante bastante tiempo, me pareció entender que servía para refinar el aceite.



Por aquello de dejar lo mejor para el final empecé por los edificios de la parte de abajo. Aparte de la extractora encontré varios pequeños edificios auxiliares que debían hacer las veces de oficina, recepción o similares, ya que estaban justo al lado de la carretera.



También puede que fueran talleres, porque había armarios y estanterías llenas de piezas pequeñas, y algunas más grandes como este trasto con aspecto de bomba de líquidos. No os dejéis engañar por el angular y la toma a ras del suelo. Apenas llegaba a medio metro de altura.



Justo al lado estaba la típica báscula de pesaje para carga que suele haber en todas las industrias de procesado. Fuera, una plancha de hierro de buen tamaño, y dentro esta báscula.



El siguiente edificio era la extractora. A ojos inexpertos como el mío aquello era un buen montón de hornos, tuberías y engranajes para mover y calentar fluidos aceitosos variados.
Ver funcionar este enorme tubo de más de un metro de diámetro girando sobre esos ejes ahora oxidados debía ser bastante impresionante.


¿Veis la pared de ladrillo al final del tubo? Allí había una escalera de metal… Después de tantear un poco aquello para ver si era de fíar probé a subir. Debió ser un número verme con la cámara, enganchada el trípode, colgando del cuello para tener las dos manos libres por si acaso. Arriba no había mucho que ver, apenas una plataforma y tubos de metal. Tiré la foto sólo por no sentir que había perdido el tiempo (y pringado las manos), y al final ha resultado una de mis favoritas.



En otra habitación más dentro encontré un montón de… ¿Depósitos? ¿Hornos? A saber… Visto el grosor la portilla de acero diría que se trataba de lo segundo..



Pero luego, desde arriba, con todas esas tuberías y válvulas saliendo de la parte superior tal vez fuera depósitos. O las dos cosas al mismo tiempo.



Más allá encontré probablemente lo que sería la pieza de maquinaria más antigua del lugar. Más tarde Antonio me preguntaría si la había visto. En un cobertizo con el techo derruido y semienterrada por la maleza estaba este enorme trasto de acero y metal, que resultó ser una bomba de vapor. Esta no es como la otra bomba de la otra foto… Las ruedas de metal debían de medir metro y medio de diámetro como poco.



Al otro lado de la pared había un pequeño estanque cubierto que parecían un espejo. Supongo que de ahí sacarían el agua para hacer funcionar la bomba.



Junto a él estaban estos trastos. Tubos por arriba y por abajo. Tal vez filtros o refrigeradores de agua.



Eché un vistazo al resto de habitaciones del edificio. Máquinas y más máquinas, cantidad de hierro oxidado y ladrillo visto. Un pozo, mucha maleza, y al final una enorme habitación con depósitos y viejas ruedas de camión tiradas en una esquina.



Volviendo al edificio aledaño comprobé que albergaba un enorme horno de alrededor de 6 metros de alto, y que destacaba entre los depósitos y tuberías colocadas en las paredes.



El espacio del fondo se utiliza para almacenar montones de bidones vacíos de plástico de productos químicos agrarios (fertilizantes, insecticidas o algo así), que conviven con este viejo tractor de ruedas pinchadas y tripas oxidadas al aire, que parece descansar recordando tiempos mejores.



Sólo me quedaba cruzar “la calle” para dirigirme al molino. La entrada principal, justo al otro lado de la que se ve en la foto, estaba cerrada, pero ya me habían comentado que por aquí se podía entrar sin problemas. Sin más problemas que unas cuantas ortigas y vegetación variada, claro.



La primera habitación estaba un poco de “trastero”. Llamaban la atención algunas tolvas y vigas de madera que le daban un carácter bastante más retro a la habitación que las actuales de acero inoxidable. Pero sobre todo destacaban una serie de viejas básculas de buen tamaño.



En la siguiente habitación, tras subir por una escala de barras de hierro pegadas a la pared, encontré una sala con gran cantidad de depósitos. La mayoría estaban tan pegados entre ellos que ni se podía pasar. Pero el que llamaba la atención era este volcado, como si fuera una gigantesca lata de tres metros de diámetro.



La sala principal del molino era una gran estancia con espacio libre hasta el techo, a tres plantas de alturas, rodeada de pasarelas a varios niveles. Las prensas para extraer el jugo de la aceituna estaban en la planta baja, rodeadas en su mayor parte por las redes que aún hoy se usan para recoger la aceituna al varear los olivos.

Subir a la planta superior por la desvencijada escalera de madera parecía bastante insensato, pero al comprobar que los escalones estaba reforzados con metal decidí aventurarme a subir. Siempre con las precauciones habituales: pies en los extremos de los escalones, nunca en el centro, donde suelen ser más frágiles, y asegurándome siempre de tener al menos tres de los cuatro puntos de apoyo (brazos y pies) listos para soportar el peso si un escalón fallase.

La subida mereció la pena. En una pequeña habitación encontré un viejo laboratorio, con montones de botellas, tubos, viales, y productos químicos cubiertos de polvo y telarañas. En los armarios caídos y rotos aún más botellas llenas de líquidos solidificados y polvos de aspecto sospechoso.


Desde esa altura se podían observar el resto de los edificios. El más cercano es donde estaba el horno y el tractor. El tejado que hay más a la izquierda es donde estaban los depósitos rojos. La parte trasera del edificio es donde estaba la máquina de vapor y los hornos-depósitos.



En general, sorprende el estado de todo teniendo en cuenta que los edificios de abajo, que fueron los últimos en dejar de usarse, lleven 30 años en desuso. El molino y el laboratorio aún más tiempo. La ausencia de graffiti y destrozos provocados por la mano del hombre hacen de este sitio un lugar destacable entre los que suelo visitar.

Vale que entrar por la puerta grande en un abandono pierde un poco de la diversión y el sentido del riesgo, pero la tranquilidad de andar despreocupadamente por el lugar y poder pararte a conversar con la gente y que te cuenten la historia del sitio lo compensa con creces.

Ahora sólo me queda buscar una mañana libre y organizar una sesión de fotos con todo el equipo de iluminación y uno o más modelos… La de ideas que se me ocurrieron paseando por aquellas ruinas. Y esta vez no habrá que hacer saltar a las sufridas modelos por sitios inverosímiles… :)

22.4.10

Pequeña clínica abandonada

Andábamos de vacaciones “turísticas” por la provincia de Zamora, disfrutando de montes, bosques, lagos y paisajes. Mirando por Internet había localizado lo que podía ser el poblado abandonado de una central eléctrica. Aprovechando que el desvío de la ruta era apenas de un par de kilómetros decidimos pasarnos a ver el sitio.

Resultó que de abandonado nada. Casas habitadas y en buen estado, coches en las puertas e incluso un cartelón enorme anunciando el alquiler de casas rurales. Y la central eléctrica funcionando a pleno rendimiento.

Sin embargo, el edificio principal de la localidad tenía un aspecto de lo más dejado. Puertas cerradas, una cinta alrededor del porche… Por las ventanas se adivinaba lo que debió ser un colmado o un bar. Otra de las puertas tenía sobre ella el conocido símbolo de la cruz roja identificándolo como hospital.



La parte trasera del edificio tenía poco que ver, salvo por un buen montón de cristales rotos… Y una ventana abierta.
Al otro lado, una pequeña clínica. Apenas cuatro habitaciones. Teniendo en cuenta el tamaño del poblado tampoco hacía falta mucho más.

La habitación mayor y más cercana a la puerta era la sala de espera. Sólo se conservaba un viejo banco de madera de aspecto más que incómodo. Desde él se accedía a un pequeño cuarto de baño sin mayor interés, además de al despacho del doctor.



El despacho tampoco es que fuera especialmente espectacular. Un gran escritorio y un par de sillas bastaban para que el médico pudiera atender a sus eventuales pacientes. Lo que suele ser normal en cualquier hospital, aunque en este caso cuesta imaginar a un doctor esperando allí a sus pacientes. De ser así, debía aburrirse bastante.


La consulta del médico daba acceso a dos habitaciones. En la primera de ellas lo más chocante era la enorme camilla de cuero y madera apoyada contra la pared. El único mueble era una pequeña mesa blanca. Ni sillas ni nada más. Puede que fuera algún tipo de almacén.



La otra habitación era la sala de curas. En medio de ella la típica camilla de “túmbese ud ahí”.



Aquí sí que había unos cuantos muebles y un buen surtido de suministros médicos. Por lo que vi, diría que la mayoría de los pacientes que pasaban por allí debían sufrir cortes y otras lesiones menores. Evidentemente el pequeño hospital servía poco más que para alguna que otra cura de urgencia. Todo lo que requiriese más que unos cuantos puntos y un buen chorro de desinfectante acabaría derivado rápidamente a algún hospital cercano.



Al otro lado de edificio estaba el bar, que debía hacer también las veces de colmado o pequeño comercio. Aparte de las bebidas encontramos unas cuantas botellas de colonia, como esta que estaba colocada en la barra.



En el pequeño almacén anexo a la barra había gran cantidad de botellas viejas alojadas en altas estanterías de madera, compartiendo espacio con el polvo y las telarañas.



Probablemente lo que más me llamó la atención fue este viejo sifón, que recordaba a tiempos en los que el agua de seltz o gaseosa servía de acompañamiento a los licores.



En la trastienda había varias cosas bastante fuera de contexto. Supongo que para aprovechar el espacio en desuso la usaron para almacenar algunos componentes de la vecina central eléctrica.



Tras media hora haciendo fotos nos fuimos por donde vinimos, procurando dejar la entrada algo más cerrada de cómo la encontramos.

Para haber sido una visita de fortuna y haber estado tan poquito tiempo el resultado en imágenes valió bastante la pena, a pesar de que ni siquiera llevaba el trípode encima. Lo mejor es el hecho de que, excepto por unos cuantos cristales rotos, prácticamente no había signo alguno de vandalismo por allí. Una pequeña joya varada en el tiempo que ojala siga así durante muchos años.

23.2.10

Una destilería abandonada

¿Más formas de encontrar abandonos? El boca a boca. O correo a correo. Un blog es una herramienta de comunicación estupenda. No sólo me sirve para contaros mis historias y haceros llegar las imágenes que toma mi cámara, sino que también sirve para conoceros un poco por medio de vuestros comentarios y correos.

Unas cosas llevan a otras. Conoces a gente por medio del blog. La gente conoce a otra gente. Luego la otra gente te conoce a ti… Al final, como decían Les Luthiers, lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe. También sirve que conozcas a quien han invitado a ver un sitio que conoce un tercero, como es este caso.
Todas estas vueltas para agradecerle a Mr. Alberto que nos enseñase el sitio, y que para colmo me prestase su cámara para hacer las fotos que veis. También otro agradecimiento a Amaia, por ser una estupenda relaciones públicas, entre otras muchas cualidades.

Acabados los prolegómenos, vamos al grano. La idea era echar un vistazo a una vieja destilería o bodega que había encontrado Alberto visitando a clientes. Según la descripción estaba muy abandonada y razonablemente libre de excesivos destrozos y pintadas.

Desde fuera ya pintaba bastante bien, aunque tenía aspecto de que no iba a ser fácil entrar en ella. Al final las apariencias no engañaron y costó un ratito meter las narices en el lugar.

Entramos por un lateral que daba a unas cuantas habitaciones pequeñas. La mayoría de ellas con los techos derrumbados. Apenas había maquinaria allí, salvo por algunos tornos y algún depósito.



Asomándonos entre los escombros también apareció el sempiterno baño. Esta vez apenas era más que un cubículo con un lavabo y un water. Probablemente sería el que utilizaban los operarios.



Posteriormente nos metimos por una serie de bodegas. Eran una serie de cámaras interconectadas entre ellas, con techos abovedados de ladrillo. Algunas de ellas mostraban una orificio circular en mitad de la cúpula. Por desgracia la luz allí era prácticamente inexistente, y para colmo había olvidado llevar la linterna. Así que con la escasa luz de los LED del móvil no hubo manera de hacer una tiste foto allí.

La siguiente habitación eran una serie de bañeras en el suelo, probablemente tanques de decantación o algo parecido. Costaba un poco moverse entre ellos y había que tener cuidado donde se ponía el pié, ya que había unos cuantos agujeros en el suelo sin tapar, además de cantidades ingentes de estiércol de paloma.



Al fondo, varias cintas transportadoras y las escaleras metálicas al nivel superior. A pesar de la porquería y el óxido las escaleras tenían pinta de resistir bien el paso del tiempo. Tal vez la porquería de paloma sirva de antioxidante.



Arriba encontramos una habitación casi vacía. Curioseando con las tapas del suelo llegamos a la conclusión de que justo debajo estaban las cámaras abovedadas que habíamos visto en primer lugar.



Al fondo se encontraban las oficinas y el laboratorio.

Del segundo apenas quedaban un par de poyetes de cerámica blanca y algunos soportes portamatraces y los tubos de goma para el gas de los mecheros Bunsen.



La oficina era bastante más grande. Para empezar encontramos un mostrador donde se atendía a los clientes, con puerta hacia el exterior y varias mesas con sillas detrás. Todo el suelo estaba alfombrado de papeles viejos. Se ve que alguien se había dedicado a sacarlos de los archivos y esturrearlos por el suelo.




En las mesas encontramos algunos libros viejos, como este de legislación.



En una pared había una vieja foto que me llamó la atención. Parecía de la propia fábrica, aunque no me sonaba a ningún sitio que hubiera visto ya.



Las habitaciones colindantes también eran oficinas, aunque en este caso despachos, probablemente de gerentes y administradores que no necesitaban estar de cara al público.



Saliendo por la puerta se podía observar el acceso a las oficina y el aparcamiento, aunque a duras penas, ya que la vegetación se había hecho dueña de la mayor parte del patio, incluso en algunas zonas de asfalto.



En el exterior llamaba la atención la vieja báscula para camiones. Una enorme plataforma que conectaba mediante mecanismos con los indicadores propiamente dichos de la báscula, hoy llenas de telarañas y con bastante óxido tiñendo su color azul original.



Poco más lejos una serie de tolvas y cintas transportadoras servían para alimentar a la fábrica de las materias primas necesarias para su funcionamiento. Era algo así como la boca de la fábrica y la cuchara para darle de comer.



En otro edificio encontramos un buen número de tinas de barro, junto a alguna maquinaria curiosa.



La más llamativa era esta especie de árbol de botellas, apenas visible entre la porquería del suelo. Tal vez sirviera para secar botellas, o tal vez no tuviera nada que ver con eso y alguien puso las botellas ahí por diversión. De cualquier manera era curioso.



Se podía acceder por unas escaleras a la parte superior, desde la habitación contigua. Las escaleras metálicas no daban demasiada confianza al principio, pero se mostraron resistentes y apenas se movían.



Al poco tiempo comprobamos que precisamente era esta la estancia que habíamos visto fotografiada en la oficina.



En otra habitación aledaña había otros depósitos, aunque esta vez metálicos y de mayor tamaño.


En la habitación de las escaleras estaba esta pizarra donde se debían anotar distintos valores de los compuestos químicos del contenido de los depósitos.



En el mismo edificio, pero separado totalmente de los depósitos, encontramos lo que debía ser un horno de tamaño industrial, con una planta sobre el nivel del suelo y otra más bajo tierra. Esto debía ser algún tipo de mirilla ya que se encontraba en la parte superior.



También encontramos algunas botellas sin usar. Daba la impresión de que estaban allí almacenadas temporalmente, y usarse en otro lado distinto a la fábrica, ya que estaban limpias y en buen estado general, en contraste con el resto de cosas que había por allí. O tal vez el embalaje las había conservado en buen estado.



Algunas cosas se me quedan en el tintero… Había bastantes habitaciones más, aunque en su mayoría eran almacenes vacíos sin mucho interés. También varias zonas donde el techo se había venido abajo, con aspecto de ser las más antiguas de la fábrica, con vigas de madera en vez de cemento y acero, por las que no daba demasiada tranquilidad pasearse.

En general la visita fue muy fructífera, fotográficamente hablando y la verdad es que disfruté tanto husmeando como fotografiando con la cámara prestada, a pesar de que me pasara la mitad del tiempo decidiendo si usar el trípode o si confiar en el estabilizador de la cámara.

Me ha costado bastante desechar algunas de las fotos para conseguir que no fueran más allá de la veintena, pero no ha habido manera. Espero que os gusten y que vuestras conexiones no se resientan demasiado.

Salu2!